Translation in Spanish/Traduccion al español.



A Antonio Ugarte lo conocí antes como persona, fue una tarde en Ostra, luego lo conocí como pintor. De manera informal, ya que vivo en otra ciudad, lo acompañé por las callejuelas del pueblo mostrándole los frisos de las iglesias y retazos de paisajes. Durante este paseo nos encontramos en sintonía “de espíritu”, nuestros ojos buscaban la belleza y la autenticidad. Cuando por internet vi sus obras, volví a encontrar ese viento y ese sueño que emanaba su persona.

La levedad no es nunca fruto de la superficialidad, en todo caso es el amor profundo que te lleva a no ser un peso para los otros, un refinamiento del espíritu ya casi olvidado. Las pinturas que he visto son cuerpos de una sensualidad sobrecogedora, se salen de un lenguaje contemporáneo del arte, basado en la violencia, la sangre y la muerte, en donde el espectador es colocado frente a una realidad de mass-media que ya padece en la cotidianidad. Sus cuerpos rencuentran su envoltorio original, sus expresiones en el amor, la belleza y la danza.

Se aleja del rito caníbal del arte contemporánea, Antonio como un “chaman” invoca el espíritu, se convierte en médium y nos comunica trascendentalmente con otras realidades que pertenecen a los seres humanos.

El mito y el sueño que pone en representación, según mi opinión, lo hacen un nuevo “surrealista”, donde el amor funciona como una palanca de la vida. En sus cuadros las formas danzan o se elevan hacia el cielo poéticamente, ligándolo, como ya decía antes, a ese movimiento también en términos alquímico-esotéricos. Antonio es un fragmento en esta época histórica que no tiene denominaciones culturales, no pertenece a un grupo o a un movimiento.

Nuestro encuentro nos enlaza con el surrealismo como una abertura interdisciplinaria filosófica, no siendo yo una experta en arte sino una escritora histórica, nos une una actitud mental en la aceptación de lo irracional, en el juego, en la magia, en la liberación del individuo de las convenciones sociales, y en la visión inconsciente de la realidad. Los cuerpos masculinos retoman la perfección y la belleza griega en el empuje de las caderas extendidas para dar “vida”, en donde las proporciones se hacen armonía estética. Los cuerpos femeninos están siempre suspendidos del suelo y en danza, como si las mujeres quedaran por encima de los deberes y prejuicios. Con las mariposas, Antonio fue más allá, ha superado la jaula mental humana, se ha despojado de un cuerpo con falta de gracia y material, y se ha alzado en vuelo demostrando con su obra que el hombre puede ser un “devenir” hasta la eternidad.

Quisiera concluir lo que he escrito con una cita de Sebastián Matta: “Hasta hoy lo trágico es la muerte, yo considero mucho más significativa la vida. En el momento que nace, él o ella, recibe el golpe, la marca, el sello de todos los sonidos de la vida que alborean en el orgasmo. Esto nos queda para siempre (¿Astrología?) Me gusta imaginarme a Hamlet en su “ser o no ser”, no con una calavera es su mano, sino llevando en la mano un huevo”

MARIA CHIARA TEODORI